Diseñar este proyecto en la calle Francisco de Goya supuso enfrentarse a una geometría singular y una implantación urbana compleja. Desde el primer momento, entendimos que debíamos respetar la configuración original del solar, extrayendo de su irregularidad una oportunidad para generar recorridos fluidos y espacios bien diferenciados.
La vivienda se articula en varios niveles, organizados de forma lógica, pero evitando soluciones convencionales. El acceso se produce a través de una transición progresiva que conduce al corazón de la casa, donde se sitúa la zona de día. Esta área goza de una orientación óptima y una relación directa con el exterior.
Las plantas superiores, de carácter más privado, responden a una lógica funcional clara, pero sin renunciar a una experiencia espacial rica. La escalera se convierte en un elemento central no solo desde el punto de vista circulatorio, sino también como generador de luz y conexión visual entre niveles.
En este proyecto trabajamos con un lenguaje austero, donde los materiales hablan sin estridencias. El blanco domina, permitiendo que la geometría y la luz definan el ambiente. La estructura queda parcialmente vista, generando ritmo y orden.
Uno de los retos principales fue adaptar el programa a una volumetría cerrada por normativas urbanas, sin que esto afectara a la calidad espacial interior. Para ello, estudiamos cuidadosamente la posición de los muros estructurales y los huecos, buscando siempre que cada estancia tuviera una relación clara con su uso y entorno.
Francisco de Goya no es solo una vivienda: es el resultado de un diálogo constante entre forma, función y contexto. Un ejercicio de arquitectura honesta que pone al usuario en el centro de cada decisión.


